| Foto cortesía de Molas 4 You |
Sucedió entre 1958 y 1960, la fecha
exacta hasta el día de hoy pocos la conocen. Un suceso que estremeció una
región, una prueba más de que el crimen no paga.
Buenaventura era el nombre de un barco
que viajaba entre Colombia y la ciudad de Colón, específicamente el puerto
Cristóbal.
El barco se dedicaba al transporte de
diferentes tipos de mercancía, pero de una manera fraudulenta: Se dedicaba a
trasegar mercancía de contrabando.
Una noche, la buena aventura del
barco, terminó de una manera trágica.
Cuenta la historia, que siendo perseguido por la guardia costera
de Panamá. El barco a toda velocidad, decidió
tomar por una ruta por la que comúnmente no transitaba.
Para tratar de despistar a sus perseguidores,
el capitán del barco, se metió en medio de las hermosas islas de Guna Yala, en
un área famosa por sus arrecifes coralinos, conocida hoy en día como Cayos
Limones, formada por más de 20 islas.
De noche, con pocas luces para
iluminar su trayectoria, el destino de Buena Aventura ya estaba escrito. Un fuerte ruido era el comienzo de una noche
larga y terrorífica.
El barco había chocado contra un
arrecife, que con sus puntiagudas rocas destrozaron el casco y provocaron
fallas mecánicas difíciles de resolver.
Los gritos sordos de los marinos y la
fuerza brutal del viento arremetiendo contra el barco marcaron la trágica
historia de Buena Aventura.
Pero en medio de aquella noche oscura surgió
una esperanza, una alternativa, una solución… El milagro que necesitaba el
capitán, se asomó a un par de kilómetros.
El barco iba avanzando en medio de la
oscuridad herido de gravedad. Delante del barco, la Isla Perro.
Sin perder tiempo y producto de la
desesperación, el capitán decidió a toda máquina, con el barco haciendo agua,
llegar a la hermosa playa. Era su única salvación.
Como prueba de que en medio de la
tragedia, la mano salvadora de Dios siempre está presente, milagrosamente el
barco pudo llegar lo más cerca posible de la Isla, salvando de esta manera la
vida de muchos marinos.
Al día siguiente, una ola de
aventurados pobladores, se encargaron de desvalijar todo el contenido del
barco. Una bendición para aquellos pobladores que aprovecharon para recuperar
de las bodegas repletas de mercancía del barco comida, ropa, licores y hasta
materiales de construcción.
Por muchas semanas más, aquellos
pobladores se dieron banquete recuperando todo tipo de víveres.
Y es así que se escribe otra trágica
historia que envuelve el legado del barco Buena Aventura.
Un día un policía decidió, producto de
la avaricia, explorar más allá de las bodegas del barco. Atado con una cuerda
alrededor de su cintura, se sumergió en las entrañas del barco esperanzado en
encontrar quizás alguna fortuna.
No fue así, lo que encontró fue la
muerte. Producto de las grandes olas y los movimientos bruscos del barco,
toneladas de objetos cayeron encima del pobre explorador, apresándolo y
asfixiándolo hasta la muerte.
De esta manera se prohibió para
siempre la exploración del barco.
De esta manera llegó a su fin la
historia de aquel barco y su tripulación que pensaron que por siempre iban a
eludir la mano de la justicia.
Un barco, varias historias…
Del capitán y los marinos nunca más se
supo.
Hoy en día, usted puede visitar este
desconocido barco en su morada eterna, la isla perro.
Morada de muchas especies marinas, un
santuario, un museo de vida marina…
Un destino que usted debe visitar.
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