Mi primer cuento corto. Es dedicado para una persona especial.
Lleno de anagramas, el cuento está. Si logras descifrar los acertijos, descubrir historias podrás.
Espero que lo disfruten (y les guste, claro está) y me den su crítica opinión.
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Y chispas salieron del alambique.
-Eureka- gritó Ceil Deus Jefredo.
-Al fin lo he conseguido-
-La energía que mueve al mundo. Razón de nuestra existencia. Sabiduría eterna- Gritó, emocionado, el gran maestro.
Abrió su viejo manuscrito y leyó en voz alta: “Aquél que controle el corazón del hombre, controlará a voluntad el destino de la humanidad.”
Tomó de la mesa el alambique y vertió su contenido en el recipiente ritual. Tomó un pedazo de papiro y escribió sobre él cuatro letras: AMOR.
Recitando antiguos conjuros, etiquetó el recipiente.
La voz del viento y la algarabía de los árboles, parecían celebrar su descubrimiento. La brisa trajo consigo los sueños, los anhelos y la soledad de su corazón.
Y en medio de aquel enorme bosque, extendió la mano al cielo y agradeció al gran Dios por la sabiduría y por haber guiado su mano.
Recordó a sus antepasados, muchas luchas, muchas muertes, mucho sufrimiento.
-Ni la sabiduría del hombre puede explicar, cómo algo tan bondadoso puede causar tanto sufrimiento.- Pensó, tomando entre sus dedos el recipiente.
Cuenta la historia de tres antepasados suyos quienes trataron de dar a conocer al mundo el presagio de los grandes espíritus. En un sueño se les aparecieron los espíritus hablando sobre la llegada de la llave que abría las puertas del cielo prohibido. El sueño mostraba el camino que habían de recorrer para encontrarla. Al despertar, descubrieron en el firmamento la señal del Dios de los cielos mostrándoles la senda. Una estrella tan brillante como el sol, indicaba el punto exacto donde se encontraba la esperanza del mundo.
Pero la bondad de algún modo siempre atrae el mal. Y muchas son las veces que actos teñidos de sueños y esperanzas se convierten en pesadillas y llenan el mundo de recuerdos tenebrosos y amargos.
Y así fue, un día los sueños de muchos se tiñeron de color sangre. Por defender la esperanza algunos fueron cruelmente perseguidos y asesinados. Por defender la verdad muchos perdieron los anhelos de vivir en este mundo de pesadillas.
La sabiduría del hombre no reconoce la verdad aún estando frente a ellos. La sabiduría del hombre no reconoce la esperanza aún en tiempos de amargura.
Caminó hasta su casa con el corazón palpitando de emoción. Al llegar, dio un último agradecimiento al Dios de los cielos y se echó a dormir.
Al amanecer, procedió a seguir con el plan trazado.
-Sólo un hombre de planes aprende a corregir y reconocer el camino errado.- Solía decirle su maestro.
-Lo que al azar se construye, el azar lo destruye.- Se dijo a sí mismo.
Sentado frente a la mesa, de pronto escuchó relinchos de caballos. La real Caballería del reino de Hesily estaba frente a las puertas de su casa. De un corcel blanco, desciendió la reina y se dirigió a Ceil Deus Jefredo.
-Honorable maestro--¿Qué buenas nuevas nos tienes? Sólo hoy hemos perdido la mitad de nuestros caballeros- Dijo con voz sufrida.
-Necesitamos de tu magia, de tus poderes y tu sabiduría- El rostro de la reina reflejaba la amargura por la que pasaba su alma.
-Darle esperanzas, no puedo. El Dios del cielo es el único que presagia los designios del universo.- Dijo el mago, tomando el recipiente.
Montó su corcel negro y emprendieron el viaje de regreso al reino. En el camino, la reina le detalló los pormenores de la guerra. El reino oscuro de Esalddo, prácticamente, estaba en las puertas del reino.
Era cuestión de tiempo. La oscuridad impregnaba el alma de los guerreros de Esalddo. Y esa oscuridad estaba a punto de robarse los sueños de todos los habitantes de Hesily.
Siendo los sueños, la senda por donde fluye la realidad. Un reino cubierto de oscuridad, no sería el mejor lugar si dentro del corazón de los habitantes el temor se apoderaba. Los sueños desaparecerían siendo reemplazados por pesadillas eternas. Y con las pesadillas la soledad absoluta.
-El tiempo es mi mejor aliado- Pensó Ceil Deus Jefredo.
Aún para un jardinero, sembrar y plantar simples semillas, el tiempo las convierte en hermosas flores. Pero la siembra no sólo es el acto de abrir un hueco en la tierra y colocar las semillas. Adquiere un profundo significado cuando se escoge mala semilla o tierra mala. Adquiere color azul cielo cuando el fruto es perdurable infinitamente.
Al pasar del tiempo la buena semilla entenderá que por amor fue sembrado y crecerá. De la mala semilla se apoderará la desesperanza y un millón de razones inventará para evitar florecer. Y el jardinero llorará ante la mala tierra, hasta lo infinito se esforzará y nunca crecerá. Pero sólo el tiempo es capaz de cicatrizar heridas y dejar sabiduría a su paso.
Al final sólo prevalecerá una solo verdad. El acto de sembrar no se define por la cosecha si no por las enseñanzas que deja la paciente espera y el despertar de un sueño vuelto real.
Al llegar al castillo, subió a la torre más alta. Saco el recipiente y comenzó a recitar el conjuro de la lluvia eterna.
-Ojalá el Dios del cielo sea piadoso hoy- Pensó.
FER SHOVA EJO
DOC I ION
USERA IN SEMPER
PI ORENCOMIA ZORN
Destellos de relámpagos se veían en el horizonte. De pronto el cielo se oscureció y de nubes se llenó.
-El Dios de los cielos, ha escuchado mis suplicas.-Pensó el gran mago.
Al caer las primeras gotas de lluvia, abrió el recipiente y lanzó la pócima al aire para que se mezclara con él. Brillantes fragmentos de la pócima fluían a través del aire e impregnaban las nubes con su conjuro.
Y de color sangre se tiñó el cielo. Pertinaz lluvia cayó. Su dulce magia pinto estelas en el aire. El aire olía a esperanza.
Y el tiempo se congeló. De la tierra crecieron manzanos con hermosos y apetitosos frutos. Cubrió las llanuras y el alma de los guerreros hechizó. Uno a uno fueron cayendo al morder el fruto.
Noches y días en vela esperando el momento de la conquista final había llenado los corazones de los guerreros de odio, pero no así sus estómagos. Y pasaban hambre. Del corazón de los guerreros se apoderó. Y de la pesadilla despertaron. Con los ojos del alma vieron. Vieron su maldad y se lamentaron.
Aprovechando el desasosiego, los caballeros de Hesily arremetieron contra sus enemigos. Y estos no respondieron.
Estaban vulnerables hasta para el enemigo más inofensivo porque la magia controlaba sus corazones. Y a todos aniquilaron. Y todos los guerreros de Esalddo murieron.
Y el reino de Hesily se alegró y una gran fiesta organizó. Al gran mago agradecieron y la felicidad se apoderó de sus corazones.
Pero las creaciones del hombre sin el consentimiento del Dios del cielo están predestinadas a morir.
La sangre cubrió los pastos. Por cada enemigo caído crecieron Iguerasis. Y la tierra se secó. Un gran desierto se formó.
Olor a muerte consumió el ambiente. Las nubes se disiparon y el sol volvió a nacer, más cerca, más grande, lleno de ira.
El gran mago lloró. Lloró al ver cómo era consumido su mundo por el olvido.
- ¿Cómo algo tan bondadoso puede causar tanto sufrimiento?- Reflexionó.
Pasados los días, transcurrió el tiempo. A cada paso, el tiempo pintaba de negra desesperanza el reino, y el mago en el castillo se encerró. Al bosque quiso regresar, pero había desaparecido junto a la esperanza.
Poco a poco los habitantes cayeron presa de la contrariedad. La hambruna reinó. En el corazón del pueblo creció el odio. Las personas suelen recordar y revivir las pesadillas, no así los sueños cuando estos parecen imposibles.
Y en el castillo se encerró. En el castillo trató de crear una pócima más poderosa capaz de revertir los efectos y no tuvo éxito.
La luna y las estrellas se juntaron para crear tristes melodías. Y así un día el sol murió y más nunca llegó a renacer. La oscuridad absoluta se apoderó de Hesily. El enemigo eterno reinó, la soledad. Y no supieron enfrentarlo porque carecían de arma ante esa calamidad. Tenían el corazón vacio.
Muchas lunas transcurrieron y del corazón del gran mago, la desesperanza, también se apoderó. Ni toda la sabiduría del mundo combate el sufrimiento cuando esté conquista hasta el rincón menos pensado del alma.
Y se echó a dormir. Se echó a dormir y en el sueño aparecieron dos espíritus de bondad hablándole de esperanza. Hablándole de Fe.
-Mueve montañas y te vuelve paciente.- decían los espíritus.
-El alba te traerá la señal, sólo debes reconocerlo.- Fueron las últimas palabras de los espíritus, antes de que el mago despertara.
Y el alba llegó. Llegó y trajo la realidad junto a él. Llegó y la realidad estaba frente a ellos. Un reino sumido en tristeza.
Y el gran mago buscó. Busco la señal que en sueños le había sido revelada. Y no lo encontró.
-¡Mueve montañas! De seguro la señal está en las montañas.- Pensó.
-Debo ir allá.- Se dijo a sí mismo.
Fue en busca de la señal y no lo encontró. Busco y busco y ante sus ojos reinaban los Iguerasis. Olor putrefacto emanaban de sus hojas.
No había esperanzas.
-Inconcebible, aquí no puede estar.- Pensó el mago.
Descendió de las montañas y al castillo regresó. Pero en su corazón no creyó. Y la impaciencia se apoderó de su corazón.
-Mueve las montañas y te vuelve paciente.- Fueron las últimas palabras de los espíritus. Y el mago no las podía interpretar. Y en su sabiduría confió y en él se refugió.
Amaneceres pasaron y la señal no aparecía. El mago pasaba largas horas contemplando el cielo en busca de la señal. Y nada pasaba.
Al verse vencido. El mago suplicó. Suplico al Dios de los cielos. Y en las suplicas puso sus esperanzas. Encomendó sus sueños y anhelos al Dios de los cielos. Y comprendió que toda su sabiduría de nada serviría.
Y el Dios de los cielos lo escuchó y respondió. Premió su Fe.
Y color sangre se volvió el cielo. Por tres lunas cayó lagrimas del cielo que inundó los valles y montañas. Mar de lágrimas se volvió la tierra y a todos los Iguerasis mató.
Por tres lunas llovió y al cuarto cesó. Entonces los ojos del gran mago vieron. Vieron la realidad del gran milagro de la vida. Desierta estaba el valle, desierta estaba la montaña. Y sólo la presencia de un pequeño estanque y en él una peculiar flor, alegró su alma.
Entendió que la señal estaba frente a sus ojos. Y se apresuró a divulgar la noticia por el reino.
-Vengan, vengan conmigo y prueben de esta agua.- gritó el mago.
-Contiene la escancia de la vida, la energía que mueve el mundo. Agregó el mago, emocionado.
Y no le creyeron. Hasta la reina, la espalda le dio.
De la flor quiso sacar la esencia de la vida. Y esta sus pétalos abrió. Tres pétalos tenia y en cada uno una letra.
La A representaba el Amor, la P la paz y la E la esperanza. APE, diminutivo de ágape en el lenguaje ancestral y espiritual.
Y el mago entendió. Entendió que sólo regando las semillas de la flor por todo el reino, el amor iba a regresar. Entendió que sólo cuidando la buena semilla la paz iba a regresar. Entendió que sólo escogiendo la buena tierra la esperanza iba a regresar.
Y así hizo. Sembró con sabiduría. Sembró con amor. Y el reino creció. Y el cielo esbozó sonrisa de aprobación.
Y la verdad prevaleció, porque sólo los actos aprobados por el Dios de los cielos perduran en el tiempo por toda la eternidad. El cielo nunca más fue prohibido.
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FIN.
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